domingo, 24 de agosto de 2008

¡Adios a Kikabuela!



Hay muchos momentos en mi corta carrera profesional que me hacen recordar que elegí bien mi profesión. El último de estos momentos ha sido despedir a Kika y acompañarla a la orilla del río que lleva al Mictlán. En pocas palabras la "eutanasié" (ni siquiera sé si eutanasiar es un verbo reconocido en castellano pero dicen que se escucha menos feo que matar).

Para los que no sepan quién fue Kika les comento que fue una perrita cruza entre Poodle y Bichon Frisé de 15 años. Sus humanos, MariaPirata y el Emperador Galáctico. Sus hermanos fueron Aacini (alias Ninja Can), Dagobah y en últimos tiempos Endor.


Kika sufría de un problema muy común entre los perros de sus características. Padecía una insuficiencia cardiaca congestiva que detecté en un estado tardío pues estoy segura que ya tenía años y no presentaba signos de enfermedad que alarmaran a sus papás. Como todas las enfermedades cardiacas, dificilmente son detectadas por los familiares en su inicio.

En fin, un problema cardiaco es llevadero hasta cierto punto en equilibrio y como cualquier enfermedad de la vejez, llega a una crisis donde el organismo ya no da más pero el corazón quiere darlo todos por los que la aman. Así fue Kika, dando el corazón por todos, todo el tiempo. Fue una abuela de gran porte desde que la conocí (24 de diciembre, 07) y sus padres aseguran (y era evidente) que era de un caracter contundente. Lo comprobé varias veces; ponía a todos en su casa en orden en el momento necesario. Por eso digo que la dejé frente al Mictlán. Los guerreros no sólo son aquellos que mueren entre espadas y balas sino también aquellos que están a tu lado en las batallas cotidiantas y sólo con la mirada te dicen "levántate que eso no es nada".


Hay humanos que deciden que es mejor que su aninal en custodia muera sola. No discutiré el punto. Para algunos está bien y para otros no. En el caso de Kika sus papás decidieron que el mejor momento para decirle adios era regalarle un día como los mejores de su vida. Y vaya que lo disfutó. Arrasó con lo que más le gustaba. Paseó como le fascinaba en el coche (¡super Kika aerodinámica!) y se fue como los grandes: con calma y sin miedo.


Dejar ese recuerdo en el corazón de sus familiares y ver la expresión de paz en un paciente, me hace estar segura de que vale la pena hacerla de verdugo si esto va a significar evitar el sufrimiento innecesario en un animal que inicialmente viviría 7 u 8 ,años y la tecnología y todo lo que quieras ha logrado duplicar su esperanza de vida.


¡Hasta luego Kika!